El pacto de Quenamur

Por +3 de defensa llevaría los calzoncillos por encima, ya lo creo
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Drail
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Re: El pacto de Quenamur

Mensajepor Drail » 03 Feb 2018, 18:22

· Rihat & Albator

Los pendientes que Alexia había alcanzado a Albator volaron lejos de la terraza y cayeron en el agua del lago.

—¡Tan lejos no! —bramó Waltiln llevándose las manos a la cabeza.

—No, da igual, ya servirá —Alexia se llevó las manos a los oídos y cerró los ojos.

Fuese lo que fuese lo que estaba haciendo, Albator no se esperó a saberlo, disparó con su carabina a la criatura que trataba de sofocar a Rihat, alcanzándole la lengua y haciéndola explotar en pedazos. (Tirada existosa) La gargún notó que la viscosidad que le recorría la cabeza ya no estaba cerrándose. Intentó moverse de nuevo. El segundo disparó de Albator fue hacía el adversario de Luadh, que peleaban en el jardín de abajo. Lamentablemente falló el disparó y perdió de vista a la criatura. (Tirada fallida)

Debajo, entre los escombros de madera de la terraza, el escuerzoespín al que Albator le había arrancado la lengua de un disparo parecía aturdido, pero se acercaba a Rihat rápidamente para comprimirla entre sus púas y las de la otra criatura, enterrada bajo la gargún. Fue entonces cuando sucedió lo que muy pocas veces les pasaba a las víctimas del veneno de esos animales; Rihat se recuperó brevemente haciendo un esfuerzo sobrehumano. No podía ver lo que le rodeaba, seguía con la lengua enroscada alrededor de su casco, pero podía mover los brazos. Eso era suficiente para ella. Antes de que el enemigo pudiese llegar a tocarla siquiera, la guardiana le propinó un puñetazo a ciegas que remató a la malherida rana. El cuerpo de la criatura voló hacia unos tablones partidos y allí quedó. (Tirada existosa)

¿Había pasado el peligro? Quizás. Solo quedaba “en pie” el enemigo que seguía bajo el peso de la armadura de Rihat, incapaz de hacer absolutamente nada en esa situación. Waltiln podía respirar tranquilo ya, si se olvidaba de los destrozos que habían ocurrido en su hogar. Desde arriba, al lado de Albator, había visto como la gargún se las apañaba.

—Alexia, creo que ya está. ¡Alexia!

La elfa abrió los ojos y se quitó las manos del oído.


· Luadh

Luadh saltó hacia el extremo opuesto de la entrada del jardín con perfecto control en el aire, evitando en el último momento la lengua que trataba de cerrarse en su pierna. (Tirada existosa) El elfo aterrizo sin camisa, encarándose a la entrada del jardín. A sus espaldas quedaba la orilla del lago y la estrecha bajada de la parcela hacia el muelle privado del alcalde. Luadh preparó su arco y se puso en posición de disparar justo cuando su rival aterrizaba de espaldas al suelo, levantando una pequeña nube de polvo y hierba, aplastando además la lengua del otro escuerzoespín. El elfo escuchó dos disparos como el de antes.

El nómada disparó en el momento que su blusa aterrizaba en el suelo, y la flecha fue a parar al cuerpo del enemigo que tenía enfrente. Este, a pesar de estar aplastando la lengua de la otra rana, protegía al principal objetivo de Luadh, pero el elfo no había fracasado del todo; esa última flecha consiguió rematar a esa criatura. (Tirada existosa)

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Luadh ha derrotado a un enemigo con Amigo del alma activo.

El otro escuerzoespín intentó liberarse retirando su lengua, pero las púas de la espalda del que Luadh acababa de derrotar la retenían en su lugar. Y de pronto, se quedó quieto.

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La transformación de Luadh se mantiene. (Tirada existosa)



· Godin & Aria

Godin pagó les 40 monedas por todo lo consumido.

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40 monedas restadas. Quedan 193.

—¿Vais a ir a la posada? —preguntó Tuclis, mientras Digby recogía el dinero que el enano había dejado caer sobre la barra— Está en la plaza, nos viene de camino así que en marcha.

Aria y Godin salieron del Mesón del Mar junto su nuevo acompañante, Tuclis. Para subir a la plaza de Calcherth, primero tenían que rehacer el camino que habían hecho antes de separarse de sus colegas por el paseo marítimo. Repararon en que los dos pescadores que se podía ver sentados a lo lejos, en la playa, seguían allí. Por el este venían unas nubes que no hacían muy buena pinta, e iban acercándose poco a poco.

—¡Ja, ja! ¡Fijaos! —Tuclis señaló hacia el faro que terminaba el recorrido del paseo en el que estaban a punto de volver a entrar. Godin y Aria vieron a tiempo un par de chicos entrando con prisas a la torre cogidos de la mano, y ambos consiguieron reconocerles. Se trataban de los muchachos con los que habían compartido el viaje a bordo del Sirena Perezosa— Qué cosas, eh? Ahora tengo más ganas de volver a ver a mi esposa.

Los tres iniciaron la marcha, volviendo a pasar por al lado de las tiendas de frutas y pescado y los almacenes de los pescadores. Esta vez notaron que había más actividad, con el cuerpo de soldados que había abordado antes el barco para inspeccionarlo entrando en los locales y saliendo para entrar en otros. Llegaron al punto donde se habían separado de los demás y Tuclis simplemente se limitó a seguir el camino que Rihat, Albator, Hav, Luadh y Luga habían tomado, subiendo por la pendiente de la calle principal del pueblo. Empezaba a atardecer cuando llegaron a la plaza.

(Descripción de la plaza) (Es la misma que se mandó al grupo que había llegado aquí anteriormente, con pequeñas variaciones):

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Un grupo de bardos, situado al noreste de la plaza, había conseguido reunir un buen puñado de espectadores con su música, y, detrás de ellos, quedaba un edificio con un cartel que ponía “Apotecario”. El cúmulo de gente reunida alrededor de los músicos bloqueaban el paso.

Siguiendo la pared de casas, la siguiente que llamaba la atención era un edificio de color verde apagado, adornado de un original rótulo de madera con forma de pez; se trataba de una tienda de artilugios de pesca. A diferencia del apotecario, las puertas de la tienda estaban abiertas al público. Como daba esquina a una de las calles que bajaban, se podía ver desde las ventanas algunos artículos depositados en una estantería, como cuerdas, guantes, un candil, hilos y anillas...

Sin ir más lejos de donde se situaba el grupo, les quedaba un largo edificio que recorría el lado suroeste de la plaza. A juzgar por el pictograma que había al lado de la gruesa puerta de madera y hierro que hacía de entrada, eso era la posada, bautizada con el nombre de “Reposo del Jabato”. El último sitio relevante; una discreta y sencilla tienda de armas, a juzgar por su cartel. Parecía cerrada.

—Aquí está, la posada. El propietario del Mesón del Mar nos dijo que su colega era el dueño, no? Parece grande desde fuera, pero para mi gusto podría tener un par de habitaciones más —criticó el orco, rascándose la barba— , pero al menos tienen un establo por donde tuvimos que entrar Rohnda y yo la primera vez que vinimos. Y no en todos los lugares se podría decir que-

En ese momento, de la puerta que los tres tenían en frente aparecieron dos caras conocidas en esa ciudad: Luga y Hav.


· Luga & Hav

Hav anotó “Reservado a nombre de Hav Nigrum y sus compañeros” en el cuaderno de la jovencita desmayada. Junto Luga, ambos salieron de la posada. Fuera, les esperaban Godin y Aria, que iban acompañados por un orco un poco más alto que Luga. Los tres se disponían a entrar antes de que el nómada y el pícaro abandonasen la posada. El orco llevaba colgando de la cintura un hacha y una bolsa de ropa. Además de grande, los músculos que tenía al aire daban entender que estaba en buena forma. Una única hombrera era lo único que le protegía de cintura para arriba. Al ver a Luga y Hav arqueó una ceja.

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Santi_gf
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Re: El pacto de Quenamur

Mensajepor Santi_gf » 06 Feb 2018, 17:54

No dudes. El cazador no debe ni puede dudar, o será cazado. El momento en el que dudes será en el que mueras.

No sé muy bien por qué recordé las palabras de mi madre, aquellas que me solía decir cuando me enseñó a cazar. Las recordaba de vez en cuando al cazar, a pesar de todos los años que habían pasado desde la última que mi madre me llevó de caza por el Bosque de Lhahamtora. Tantos años... Y seguía escuchando esas palabras cuando me notaba más lento en coger la fecha, en envenenar su cabeza, en cargar el arco. Pude pasar el filo de la flecha por mi nuca sin detenerme, arrastrado por la costumbre, pero al apuntar a aquel ser inmóvil, pasó. Me noté destensar la cuerda y bajar el arco, todavía con la flecha envenenada en él, y el recuerdo de aquellas palabras dejó paso a un silencio en mi cabeza que se tornó grito.

No debía ni podía dudar. Que aquella rana se hubiera quedado quieta era mejor para los dos, ya que le procuraría una muerte rápida, de ser posible. La rodeé dando mi espalda a la verja que daba al exterior de la mansión, para después enfilar su cráneo con la punta de mi flecha justo antes de liberarla.
"Szia Szia
Szia szia szia SZIA!
Szia,

Szia"
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Crow
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Re: El pacto de Quenamur

Mensajepor Crow » 06 Feb 2018, 20:00

Me encogí de hombros cuando el alcalde se escandalizó por lo lejos que había tirado los pendientes. ¿Yo como puñeta iba a saber como de lejos debía tirarlos? Yo solo hice lo que me dijo!

-Bueno, esto... voy a ayudarla, que parece que no va a levantarse sola.

Salté abajo hacia donde estaba Rihat, me acerqué a ella, la agarré por la gorguera de la armadura y tiré para levantarla, mientras levantaba un pie, y una vez mi compañera estuviera fuera de mi camino, propinarle una buena patada en los morros a la rana.
Ora Ora Ora Ora Ora
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Fornax
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Re: El pacto de Quenamur

Mensajepor Fornax » 06 Feb 2018, 22:46

Durante todo el trayecto del bar a la posada, Godin se limitó a decir "ajá" "¡qué curioso!" y "tienes toda la razón": es decir, palabras de cuando no se está prestando mucha atención al interlocutor. El enano aprovechaba el trayecto para quedarse con la ubicacion y la forma de las calles (al fin y al cabo, era el único sensato que no había usado la esfera infernal esa que te enviaba al cerebro imágenes de la ciudad). Había demasiados sitios en la ciudad en los que comenzar la investigación, asi que sería lo más sensato seguir la pista de Tuclis. Justo cuando estaban abriendo la puerta de la posada, se encontraron con el orco y el tritón de su grupo.

-¡A fe mía que nos habéis adelantado! -exclamó risueño-. Pero que sepáis que hemos encontrado una muy buena pista para empezar. Vamos adentro y os lo contamos todo -dijo mientras empujaba a sus compañeros hacia dentro.

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Impredecible
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Re: El pacto de Quenamur

Mensajepor Impredecible » 14 Feb 2018, 18:20

Bueno, había tenido un éxito. Al menos le había pegado a algo. Probablemente. Estaba siendo un día confuso y frustrante. Y definitivamente muy poco digno.
-Ah, un rescate heróico... -farfullé al notar que me levantaban.- Si alguien pregunta, ¿podemos fingir que esto ha ido mucho mejor de lo que ha ido realmente?
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Drail
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Re: El pacto de Quenamur

Mensajepor Drail » 24 Feb 2018, 13:15

· Rihat & Albator

Al levantar la cabeza de su compañera, el pedazo de lengua pegajosa que enroscaba la cabeza de Rihat se deslizó al suelo. Los efectos de la parálisis parecían desaparecer poco a poco, y el cuerpo de la gargún recuperaba su soltura. Albator no necesito muchos esfuerzos para propinar una patada a la magullada criatura aplastada por el peso de la guardiana, una vez esta ya se erguía de pie sola. (Tirada existosa) Ya no iba a suponer ninguna amenaza. Alexia y Waltiln observaban a los dos desde arriba, más relajados. El hombrecillo se frotó su cuello, acordándose de la desagradable sensación que había pasado cuando uno de esos animales le había arrastrado por el suelo.

—Agh... —se quejó— Jamás había visto de tan cerca estos seres, y espero no tener que verlos nunca más —miró por el suelo de madera de la terraza y encontró el pedazo de papel que se le había caído del bolsillo mientras trataba de zafarse de la lengua del escuerzoespín. Se acercó a recogerlo, y no pudo evitar ver el trozo de lengua que había quedado cerca, el que se separó del animal que arrastraba al alcalde durante el encuentro, del que Albator le había liberado— , os agradezco vuestra ayuda. Nuestra casa está hecha un asco, pero afortunadamente solo por fuera.

Waltiln sentía una mezcla rara entre contento por haber salvado la piel e inquietud. Sabía que los animales que les habían atacado no aparecían normalmente por esta zona, pero lo que no era capaz de explicarles a Rihat y Albator era por qué les habían atacado. Se acercó al borde de la terraza para contemplar el lago que la casa tocaba, ¿habría más nadando por sus aguas? Mientras, Alexia se dirigió a los dos mercenarios.

—¿Necesitáis ayuda para salir?

Vigilando los alrededores desde la terraza, como si fuese un puesto de vigilancia, Waltiln se encontró con un desconocido en su jardín. Se quedó mirando a Luadh, tratando de averiguar si era prudente o no esconder la cabeza del arco de ese elfo.


· Luadh

La flecha de Luadh se metió dentro de la rugosa piel blanca del enemigo inmóvil como un tenedor clavándose en un trozo de carne. Sin complicaciones, consiguió hundirla en el cráneo del animal. Ya no iba a tener que preocuparse de si recuperaba el movimiento; no lo iba a hacer. (Tirada existosa)

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Luadh ha derrotado a un enemigo con Amigo del alma activo.


Oportunamente, después de que el elfo derrotase sus enemigos, su cuerpo regresó a su aspecto habitual.

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La transformación de Luadh se deshace. (Tirada fallida)


Enseguida notó que alguien le observaba. Se levantó y vio una cabeza diminuta de un hombre mayor asomarse por la terraza de la casa, mirándole con recelo.


· Godin, Aria, Luga & Hav

Al ver la cordialidad de Godin hacia los dos desconocidos que habían salido de la posada, Tuclis se relajó.

—¡Oooh! ¿Son colegas vuestros? Mucho gusto —extendió la mano— , soy Tuclis, un mercenario como vosotros, y vuestros compañeros, aquí, me están ayudando a quitaros el botín de la misión de los desaparecidos. ¡Ja, ja, ja!

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Re: El pacto de Quenamur

Mensajepor Aritriel » 24 Feb 2018, 20:18

Le asentí a mi compañero y luego al tal Tuclis.

-Luga-dije simplemente, sin esforzarme en reproducir su saludo. Librarme de esos rodeos sin sentido que a la sociedad tanto le gustaban era una de las razones por las que me había hecho nómada. Luego miré a Godin algo confuso.

-Creía que íbamos a reunirnos donde el alcalde para informarnos. ¿Ha ocurrido algo?

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Re: El pacto de Quenamur

Mensajepor Crow » 25 Feb 2018, 21:15

-Ella seguramente si, gracias, yo empujo desde abajo.

Ayudé a Alexia a subir a mi compañera, que entre lo grandota que era y la armadura, no pesaba precisamente poco. Ya arriba interrogué un poco más a los clientes.

-De nuevo, disculpas por lo de la terraza. ¿Que puñetas eran esas cosas?
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Re: El pacto de Quenamur

Mensajepor Santi_gf » 27 Feb 2018, 08:39

Saludé con la mano que tenía libre mientras bajaba la que sostenía el arco. ¿Quién sería aquel hombrecillo? Pronto lo averiguaría, pero todavía tenía cosas que hacer allí antes de entrar en la casa.

Para empezar, quería ver más de cerca aquellas ranas, ver qué era lo que les afligía. Di unas palmaditas a la bolsa de cuero donde llevaba a Bel y dejé que se posará en mi mano enguantada, tanto para usarla de referencia como para ver que ella estaba bien después de aquella pequeña cacería. ¿Qué les habría pasado a esos seres? Comparé al escuerzoespín con mi compañera durante unos instantes antes de volver a guardarla en su bolsa tras pensar dos veces en lo que estaba haciendo, disculpándome. Si aquello era contagioso y se lo llegaba a transmitir a Bel por incauto... Mejor no pensar en la posibilidad.

Al concluir esa pequeña investigación superficial andé unos pasos hasta mi camiseta envenada con tal de recuperarla. No me la pondría, claro, pero el veneno que la empapaba todavía podía servir. Me revisé el guante antes de cogerla asegurándome de que se mantenía sin cortes ni nada por el estilo por los que se pudiera colar algo de veneno. Y con mi camiseta en una mano y mi arco en la otra, pensando que comprar aquellos guantes de cuero había sido todo un acierto, entré en la mansión dirigiéndome hasta el balcón donde había visto a aquel hombre.
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Re: El pacto de Quenamur

Mensajepor Impredecible » 08 Mar 2018, 22:59

Resoplé mientras me ayudaban a subir, mirando de reojo lo que había quedado de mi alabarda. A ver ahora de donde sacaba yo otra... A ser posible una que aguantase mejor los derrumbamientos.
Según conseguí llegar arriba, aproveché que nuestro anfitrión estaba distraído con lo que sea que estuviera mirando para enganchar del pescuezo (de forma considerablemente literal) a Albator y alejarlo un poco de ellos.
-¿Crees que es casualidad... -siseé en tono relativamente flojo, mirando los restos de rana de reojo- ...que los bichos estos atacasen justo ahora, con nosotros aquí?
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