Soul Eater: Black Priest

Por +3 de defensa llevaría los calzoncillos por encima, ya lo creo
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Aritriel
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Re: Soul Eater: Black Priest

Mensajepor Aritriel » 22 Mar 2015, 18:17

¿Lo único que te impresiona de todo lo que he dicho es que la madre se convirtió en un zombi? ¿En serio, Ern? ¡¿Y qué me dices de lo del gato crucificado salvajemente?! Me crucé de brazos, aún asqueado por la visión; aunque estaba de acuerdo con Ern. Teníamos que descubrir qué rayos pasaba aquí. O qué había pasado. Lo que fuera.

Volvimos a tener una visión cuando entramos en la siguiente sala. Por lo visto la policía también había estado investigando este sitio. Y al igual que la primera vez, varias de las personas que vimos se convirtieron en muertos andantes y nos atacaron. Pero eso significaba acción y más huevos que recoger, así que, a pesar de que estuviéramos en desventaja numérica, sonreí como un maníaco. ¡Vamos a divertirnos otra vez!

A Suria no parecía gustarle nada la situación, aunque yo no veía qué tenía de malo. Esos tipos no sabían luchar. ¡El del martillo ni siquiera podía levantarlo! Y uno de ellos no parecía intentar atacarnos. De todas maneras, Suria era al lista, así que decidí lanzarle una llamarada a él y otra a la sirvienta antes de atacar a lo loco, a ver qué pasaba.

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Re: Soul Eater: Black Priest

Mensajepor Dark » 25 Mar 2015, 18:59

Valeria dijo que se quería venir, así que nos fuimos juntas al hotel. Mientras me estaba curando, Kid apareció en el espejo para avisarnos de algo. Pero el bloqueo que sufrí al verle y hacer de muro para Valeria, que estaba tras de mi, me impidió hacer nada.

—¿Por qué siempre me pasa lo mismo cuando trato de contactar con las alumnas de esta manera? En fin, al menos la Locura de las Tetas no puede afectarme en vuestro caso. Veamos...

Empecé a notar cómo la sangre me subía a la cabeza; seguro que me había puesto colorada. Pero duró poco tras escuchar "¿alguna vez has saltado en paracaídas?".

—¡¿Paracaídas?! ¡¿Valeria te apetece?! Espera, ¿tendremos vehículo para perseguir al que va a toda pastilla? Ah, y también, ¿Red nos ayudaría? Creo que su misión decía que era preferible ir en pareja a ésta, así que si nos quiere encargar el muerto... ¡Pero por mi genial!
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Re: Soul Eater: Black Priest

Mensajepor LightHelco » 25 Mar 2015, 19:16

—¡Ahi tiene algo rojo! ¡Almas! ¡Podemos sacarle más almas a esta cosa! —salté emocionado a sabiendas de que Yu se volvería super-fuerte con todas las almas que se estaba comiendo, fijo que cuando acabásemos descubría que tenia un sacacorchos en el meñique.

Sin perder tiempo, apunté con el gancho a los agujeros del yelmo y disparé para ver si podía enganchar la punta a este y poder tirar. Ya que la armadura venía hacia mi, tiraría del yelmo usando mis alas para saltar todo lo alto que pudiese y colocarme a la espalda del enemigo.

—¡Vamos, Yu! Que el que se come las almas eres tú, no yo.
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Re: Soul Eater: Black Priest

Mensajepor Malfuin » 29 Mar 2015, 17:54

ALMAS MORIBUNDAS


En cuanto cruzaste la alambrada, tres lagartos del tamaño de dragones de Komodo salieron a toda velocidad de la arboleda. Saltaste a un cubo de basura, a lo alto de un porche y por último a un tejado para tomar posición y disparar... Tus enemigos no se lo esperaban, porque lograste reventar a uno y su alma roja quedó flotando en medio de la explanada. Los otros dos, azotados por las rocas levantadas por la explosión pero en absoluto heridos, parecieron entender lo que sucedía y se separaron en direcciones opuestas.

-¡Se disgregan! -advirtió Rada. Los lagartos se movían tan rápido que era difícil apuntarles, ahora que estaban cerca. Tenían un aspecto viscoso, como si sus escamas fueran blandas, y las enormes pinzas de hormiga que les salían de la boca chasqueaban produciendo un sonido irritante. No parecía que tuvieran ojos a la vista.

Atravesaron la alambrada tan fácilmente como si fuera una telaraña, y mientras que uno comenzaba a trepar por la pared a la que habías subido, el otro se metió por una ventana (destrozando el cristal y el marco) y lo oíste producir un espectacular estruendo bajo tus pies, como si se estuviese moviendo por una pequeña cocina destrozando la vajilla y desperdigando la cubertería.

LA MANSIÓN DE LOS RECUERDOS


Atacaste con fuego al jardinero, que se cubrió instintivamente con sus tijeras, aunque de poco le sirvió. Su cuerpo comenzó a arder como una antorcha y su rostro desencajado articuló un grito sin sonido. Se lanzó a por ti con las tijeras de por medio, aunque sólo lo viste de reojo, porque ya te habías dado la vuelta para lanzar otra rápida llamarada a la sirvienta, que se había lanzado a por ti con los dedos cubiertos de agujas extendidos tétricamente. A diferencia del jardinero, la sirvienta fue capaz de esquivar el fuego y rodó por el suelo, pero se le quedó una de las manos enganchada a la madera podrida y tiró del brazo tratando de liberarlo.

Ern detuvo a tu espalda la enorme tijera incandescente que se dirigía a tu nuca, y con la espada Murasame hizo retroceder al jardinero, que cayó de espaldas, con el cuerpo tan consumido que ya no pudo levantarse y se convirtió en polvo. De entre las cenizas brotó un huevo de Kishin.

Pero el zombi de Bernardo Maquiavelo acababa de aprovechar para golpear con su enorme martillo a Ern y estamparle contra una pared. El chico se quedó apoyado en una mano, ileso pero aturdido, sacudiendo la cabeza. Bernardo siguió girando por la inercia del golpe, arrastrado por el mazo de madera. Cuando logró frenarse, levantó el arma por encima de sus hombros y la apuntó hacia ti.

MISIÓN ESPECIAL #1


-No, no dispondréis de ningún vehículo, aterrizaréis directamente sobre el del objetivo -replicó Kid-. Y Red Riding Wolf no podrá ayudaros durante esta misión, todavía está solucionando el problema de Wyndham. Me alegra que aceptéis la misión, el Jet os recogerá en el tejado de ese mismo edificio. Buena suerte.

-Nunca he saltado en paracaídas -comentó Rita-. Pero estaré transformada durante el salto, así que no tengo nada que temer. Por no mencionar que estaré contigo...

El Jet que vino a recogeros no se parecía a ningún avión que hubierais visto antes. Parecía una versión estilizada de la máscara del Dios de la muerte, siendo el morro uno de los tres dientes, y las puntiagudas alas los dos de los lados. La nariz redonda de la máscara equivalía a la cabina del piloto, y los agujeros de los ojos eran en realidad hélices.

Los dos hombres que bajaron tenían un aspecto peculiar. Uno tenía el pelo puntiagudo y negro, y llevaba unas gafas de montura cuadrada. El otro era rubio y fornido, aunque llevaba el pelo casi rapado.

-Me llamo Akane -dijo el tipo de las gafas-. Y él es Clay, mi arma, aunque también nuestro piloto en este viaje. Vamos, subid: no tenemos mucho tiempo, hemos venido volando a toda velocidad desde Canadá. Os explicaré los detalles mientras volamos.

Subisteis al avión, que despegó de Londres y se alejó como una estrella fugaz.

***


El amanecer había llegado rápido como un parpadeo durante los minutos que tardabais en cruzar el Pacífico. Pronto sobrevolasteis Australia y el avión aminoró la velocidad. A través de la trampilla de la bodega del avión veíais una carretera delgada como un hilo y un diminuto punto rojo bajo vosotros, algo por delante.

-No podemos descender más -explicó Akane-. Si lo hacemos, el tipo al que perseguimos nos detectará y le perderemos. Vamos a dispararte con este artefacto -apoyó la mano en una especie de ballesta gigante- contra el suelo, en un ángulo de 60º grados, de manera que estarás a uno o dos metros del suelo cuando el coche rojo del objetivo pase por debajo de ti. Recuerda abrir el paracaídas en el instante en que estés justo sobre el coche, o te estamparás contra el suelo y el vehículo te pasará por encima. Toma esto -te dio una vaina de naylon-. Tu compañera estará segura ahí, puede cerrarse con una cremallera, así que no saldrá volando y tendrás las manos libres. También podrías necesitar esto -te dio una especie de mando a distancia con un único botón rojo-. Si las cosas se complican, Clay y yo también saltaremos del avión para ir a ayudarte... Aunque si lo hacemos, el avión se estrellará en el desierto australiano, y esos cacharros son bastante caros, así que utilízalo sólo como último recurso. ¡Mucha suerte a las dos, guapas!

Valeria sonrió nerviosa y se transformó sin que la pidieras. Te aseguraste la vaina de la espada al costado, te colocaste el paracaídas y te montaste en la lanzadera.

Te dispararon contra suelo australiano y volaste a toda velocidad sobre el asfalto, cada vez más bajo, hasta estar sobre el techo del coche rojo. Era un caro coche deportivo de dos plazas con un potente motor. Abriste el paracaídas y el tirón casi te vació los pulmones. Un instante después, se oyó un siseo y las cuerdas del paracaídas se desengancharon. La enorme tela se quedó flotando en el aire, alejándose cada vez más, mientras que tú caías grácilmente sobre el techo del vehículo.

-Lo más seguro es que nos haya oído aterrizar -comentó Valeria-. Lo mejor sería encontrar el modo de parar el coche sin estrellarnos, pero ¿cómo?

El vehículo no había aminorado la marcha en lo más mínimo. Ahora el Jet que os había traído hasta aquí era un puntito plateado en el cielo, que dejaba una estela de humo blanco.

DEVORADORA DE ALMAS


Disparaste el gancho y tiraste para lanzarte por encima de su cabeza, en el mismo momento en que los brazos de la armadura se separaban y aplastaban el lugar en el que habías estado. Las articulaciones de la armadura podían separarse, estaban unidas por largas extremidades de fango.

La armadura giró sobre sí misma, azotándote con los largos brazos de barro acabados en puños de hierro. Pudiste seguir esquivándolos gracias a tus alas y a que Yu seguía enganchado al yelmo. De hecho...

-¡C-creo que no puedo desengancharme! -exclamó-. ¡Me he atascado en la abertura del yelmo!

De repente todas las piezas de la armadura se separaron y comenzaron a crear una jaula de metal y barro a tu alrededor. Los brazos te envolvieron por ambos manos y se dieron las manos, la cabeza a la que tenías enganchado el cable fue a unirse a las manos, empujada por un gran cuello de barro. El torso quedó flotando sobre ti y las piernas siguieron donde habían estado, firmemente asentadas en el suelo.
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Re: Soul Eater: Black Priest

Mensajepor Crow » 31 Mar 2015, 22:19

-Cada enemigo al que nos enfrentamos es más feo que el anterior. Y mas viscoso. No quiero que se acerquen.

Como no estaba seguro de por donde iba a aparecer exactamente el lagarto de la pared y no me parecía prudente quedarme en el tejado estando el otro justo debajo, corrí hacia donde había subido y salté por encima, para buscar al de la pared y dispararle desde el aire.
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Re: Soul Eater: Black Priest

Mensajepor Dark » 01 Abr 2015, 08:49

Aquel avión llegó en nada de tiempo y nos recogió. Era muy divertida la forma que tenía, y además ultra cómodo, así que aproveché para echar una siestecita, aunque fue de unos cuantos minutos, porque casi ni me dio tiempo a dormirme. Era como si hubiésemos pulsado el botón para ir más rápido. La calma y tranquilidad que daba estar ahí arriba era muy curiosa. Pero toda se rompió de golpe a la hora de saltar y al decir que si pasaba algo mal pulsásemos el botón y ay Dios y si la lío tenemos un problema y bien grande y como pase algo mal y lecheeeeeees.

Salté, y a medida que me iba acercando más al suelo más me arrepentía de saltar. Pero era increible eso de notar el viento contra tu cara a esa velocidad, sentía que si abría la boca no podría cerrarla y me entraría cualquier cosa. Y esto además lo más seguro es que te deje de golpe sin arrugas porque flipa cómo te tira para atrás toda la piel. Abrí el paracaidas justo en el momento que me indicaron y el impacto me dejó atolindrada unos instantes. Pero al fin estábamos en el coche del tio que iba a toda caña.

Valeria escribió:—Lo más seguro es que nos haya oído aterrizar -comentó Valeria-. Lo mejor sería encontrar el modo de parar el coche sin estrellarnos, pero ¿cómo?


Vale, si nos ha oído a esta velocidad intentar zafarse de nosotras es como querer estrellarse y tampoco ha bajado la velocidad, y para querer hacer aminorar la velocidad del coche este se me ocurren muchas cosas que hacer, pero la mejor...

—Creo que ha llegado la hora de que el freno de emergencia salga a relucir, ¿verdad?

Mientras en mi cabeza iba sonando Born to be Wild, saqué a Valeria de la vaina, y sin levantarme más de lo que estaba, moví los brazos para pegar un espadazo contra el capó del coche. Con un poco de suerte golpearía el motor, haciendo que algo fallase y disminuyese (o parase) la velocidad. Y si no funcionaba, contra el parabrisas del coche irían los golpes.
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Re: Soul Eater: Black Priest

Mensajepor Aritriel » 12 Abr 2015, 13:50

Habíamos acabado con el jardinero, pero esa sirvienta era más ágil de lo que parecía. El zombi que tenía un martillo enorme se deshizo de Ern y corrió hacia mi. Un martillo que parecía muy pesado... Sonreí, con una idea en mente; y comencé a correr hacia la sirvienta que tenía el brazo atascado en la madera, pero asegurándome de que el otro zombi todavía me estaba siguiendo. Cuando estuve lo suficientemente cerca de ella, lancé una ráfaga de viento hacia la pared de al lado para salir disparado y apartarme del camino del tipo con maza.

Por si acaso no había conseguido que se estrellaran, me apresuré a lanzar otra llamarada hacia ellos y después me acerqué a Ern para asegurarme de que estaba bien. Le agradecía que me hubiera salvado de esas tijeras, pero algo más de ayuda no me vendría mal.

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Re: Soul Eater: Black Priest

Mensajepor LightHelco » 12 Abr 2015, 14:24

—Pues tocará aprovecharse de eso ¿crees que puedes recoger la cadena para darme un impulso hacia la armadura? —le pregunté a Yu desplegando las alas para coger más velocidad.

La idea era usar todo aquello para saltar a gran velocidad contra la cabeza de la armadura y propinarle un derechazo que la destrozara y después ya intentar arrancar la parte en donde estaba enganchado Yu (la protección de los ojos, vaya). Si las otras partes del cuerpo me molestaban, les daría una patada para que se alejaran, empezando con las manos, a las que intentaría pisar durante el salto para que se apartaran un poco.
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Re: Soul Eater: Black Priest

Mensajepor Malfuin » 18 Abr 2015, 05:25

ALMAS MORIBUNDAS


Saltaste del tejado justo cuando el enemigo que había en el interior lo atravesaba, y dirigiste tu disparo al objetivo que tenías en la pared. Le diste de lleno, destrozándolo y haciendo un agujero en el edificio. El lagarto que había en el tejado saltó y se te echó encima, pero tuviste tiempo de sobra para volarlo en el aire antes de que te tocara.

-Pues no ha sido para tanto -comentó Rada, y absorbió las tres almas que habíais conseguido-. ¡Y ahora, a salvar a esa gente!

Os acercasteis a la cabaña dando un rodeo, y pronto el famoso totem quedó a la vista. Era muy extraño, parecían una docena de enormes cabezas apiladas en vertical, mordiéndose unas a otras. Y apoyado en la pared de la cabaña, visteis a un viejo de piel oscura, totalmente esquelético, como si llevara mucho sin alimentarse. Tenía una larga barba descuidada y frotaba las manos con rapidez. No notabas que su alma fuera un huevo de Kishin... A decir verdad, no sentías casi que tuviera alma, sólo un débil eco como un grifo goteando.

-No lo destruyáis -suplicó. En su estado era incapaz de luchar, así que no tenía sentido considerarle una amenaza-. No lo destruyáis. No tenéis derecho a venir aquí. ¡He purgado la malicia de las almas de este lugar! ¡No tenéis nada que recolectar aquí, segadores del Shibusen! ¡Id a cosechar a otro lado! ¡Somos puros! -una vez dicho esto, tosió espantosamente y tuvo que apoyar las manos en el suelo.

-¿Cómo hemos llegado a esto? -preguntó la voz de Rada con tristeza-. No quiero disparar a ese tipo, pero volemos cuanto antes el monolito o lo que sea. Hay que acabar con esto.

-¡No! -imploró el viejo desde el suelo-. ¡Los sueños no pueden volver! ¡No deben!

MISIÓN ESPECIAL #1


Clavaste la espada en el capó del coche mientras el conductor comenzaba a tocar el claxon sin parar. Del agujero que hiciste con la espada brotó un chorro de vapor que te quemó la mano, aunque podías soportarlo, y el motor hizo un sonido gorgoteante mientras todo el vehículo comenzaba a frenar.

-¡No! -gritó el tipo que conducía, un indígena que tenía la piel llena de hilos negros cosidos en horizontal-. ¡No, no, no! -golpeó el volante una y otra vez, y el coche recuperó su velocidad. Comenzó a brotar un brillo rojo del agujero que habías hecho en el motor, y de repente del tubo de escape comenzaron a salir volutas de humo negro con formas extrañas y amenazadoras.

-¡Rita, creo que está moviendo el coche con pura fuerza de voluntad! -gritó Valeria-. ¡El poder de su huevo de Kishin aumenta por la desesperación que siente! ¡Podría pasar cualquier cosa!

LA MANSIÓN DE LOS RECUERDOS


El zombi levantó el mazo y caminó hacia ti tambaleándose. Retrocediste hasta ponerte junto a la sirvienta, que seguía tratando de liberarse tirando con las dos manos y estaba a punto de conseguirlo. Cuando Bernardo Maquiavelo descargó su temible golpe sobre ti, lanzaste una ráfaga de aire para apartarte de forma inmediata.

-¡Bien pensado! -felicitó Suria, con voz sorprendida, y uniendo su poder al tuyo te apartó tan rápido que casi te sentiste perdido por un momento. El mazó se estrelló contra las manos de la sirvienta zombi, aplastándoselas. Ella no reaccionó con dolor, pero se miró las manos con desconcierto y se quedó inmóvil. Bernardo tampoco se movió, parecía confundido, si eso era posible en un zombi.

Oíste una risotada de Igna.

-¡Eso, dales caña! -exclamó, y juntos lanzasteis una llamarada tan intensa que prácticamente desintegró a los enemigos. Sus almas rojas permanecieron en el sitio. Notabas las espadas temblar en tus manos, y las notabas más ligeras que nunca. Por lo visto, a ambas gemelas les había gustado tu desempeño en la batalla. Pero no podías prestar atención a eso, tras acordarte de Ern. Fuiste a comprobar que estuviera bien y a agradecerle.

-No hay de qué. Estoy bien -aseguró, aunque parecía un poco aturdido-. Me he descuidado un poco. Pero no importa, tengo la cabeza muy dura.

Izumi, que se había vuelto a transformar en humana ante la ausencia de enemigos, le miró con preocupación. Pero como Ern se limitó a sonreír, se acercó al huevo de Kishin del jardinero y se lo comió tapándose la boca con el pelo. Igna y Suria siguieron su ejemplo y fueron a recoger los de la sirvienta y Bernardo Maquiavelo.

-Hemos despejado esta planta -dijo Ern, mirando a su alrededor-. Pero todavía queda el sótano y, si mis sentidos no me engañan, allí encontraremos algo mucho más fuerte que todo lo que hemos visto hasta ahora. También supongo que tendremos otra de esas visiones... Espero que una con información más útil, esta vez -señaló hacia la escalinata, había una discreta puerta de madera detrás, junto a la pared-. Esa debe ser la entrada.

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-¡Lo intentaré! -exclamó Yu, motivado. El tirón te arrastró hacia la cabeza de la armadura, donde descargaste un golpe que la hizo reventar en un montón de trozos de barro, dejando el yelmo vació. aun así, el gancho no se soltaba... En ese momento, tus dedos se abrieron solos y algo metálico que giraba en espirales brotó de la palma de tu mano. ¿Era un... sacacorchos? Atravesó la parte metálica del yelmo como un taladro al mismo tiempo que las manos de la armadura lograban aferrarse a tus piernas.

Y entonces, el supuesto sacacorchos se desplegó y te lanzó volando hacia atrás, liberándote de las manos metálicas y haciéndote salir de la prisión de barro por el mismo hueco que había dejado la cabeza al ser destruida.

Algo mareado, te miraste la mano. El sacarcorchos, o lo que fuera, tenía atravesado un huevo de Kishin. Se replegó girando a toda velocidad en la palma de tu mano, hasta desaparecer, y el alma desapareció con él.

-Ñam -dijo la voz de Yu, cargada de sarcasmo-. Oh, mira eso.

La armadura volvió a su forma original, aunque por supuesto, ahora sin cabeza. Los brazos se retorcían de formas extrañas, rezumando barro por las articulaciones, y entre las rendijas de los guanteletes se filtraba una luz roja, revelando que a aquella armadura le quedaban dos almas y que tenía una en cada mano.
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Re: Soul Eater: Black Priest

Mensajepor Crow » 18 Abr 2015, 21:44

-Pues no, no lo ha sido. Creo que hemos tenido la suerte de ser compatibles con ese tipo de monstruo.

Al ir a por el tótem encontramos algo que no era en absoluto lo que me esperaba, me provocó arcadas solo verlo. Ugh... eso no es un tótem, es una abominación. Un señor mayor no quería que lo destruyeramos. No era malvado y parecía tener un buen motivo para hacer eso, pero sus consecuencias eran intolerables.

-¡Sea cual sea la razón por la que ha hecho esto, no justifica que esté muriendo gente! Y una vez muertos, eso si que ya no se puede solucionar, si este pueblo tenia un problema ¡debería haber llamado al Shibusen! Usted no es nadie para decidir que se debe eliminar la malicia de las personas, todos tenemos de eso.

Como tenía miedo que si tocaba el tótem con la hoja le podría pasar algo a Rada, apunté a él y apreté el gatillo.
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